Portada de la novela El infierno en sus ojos, el cielo en sus besos

El infierno en sus ojos, el cielo en sus besos

8.8 / 10.0
En El infierno en sus ojos, el cielo en sus besos, Gabriela intenta ignorar que su aventura de una noche es Wesley, su gélido jefe. Él oculta una obsesión posesiva bajo su fachada profesional. Una trama de poder y secretos en este romance novel y billionaire romance books.
Resumen de El infierno en sus ojos, el cielo en sus besos
Después de ser traicionada por su novio, Gabriela se entrega a una noche de pasión con un desconocido para olvidar su dolor. Al amanecer, escapa del hotel esperando no volver a verlo, pero se horroriza al descubrir que el extraño es Wesley, su gélido y autoritario jefe. Mientras ella intenta actuar con normalidad en la oficina, él desarrolla una obsesión posesiva, consumido por celos al creer que Gabriela sigue enamorada de su antiguo amor.
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El infierno en sus ojos, el cielo en sus besos Capítulo 1

Gabriela Haynes salió tambaleándose de la habitación 1205 del hotel antes del amanecer, con el cabello enmarañado y el labial corrido, sosteniendo los zapatos con los dedos entumecidos.

Justo antes del retiro corporativo, su mundo se había derrumbado: había sorprendido a su novio in fraganti con otra. Un corazón roto y dos tragos de tequila esa noche la hicieron acabar en el pasillo equivocado y meterse en la habitación equivocada.

Apenas cruzó la puerta, se encontró con un hombre en el interior. La joven intentó retroceder, pero las piernas le fallaron y terminó cayendo directamente en sus brazos.

El hombre se tensó por la sorpresa. Durante un instante, solo se oyó su murmullo sorprendido; luego, le inclinó suavemente el rostro y presionó sus labios contra los de ella.

Ella quiso apartarlo de un empujón, pero mientras los labios de él trazaban la línea de su mandíbula y su corazón firme latía con fuerza bajo sus palmas, el alcohol y la tristeza le nublaron los sentidos. Se fundió en su calor, incapaz de evitar que la voluntad se le escapara entre los dedos.

Para cuando él la sujetó con fuerza por la cintura y la penetró, todo se había salido de control.

...

Una vez terminada la aventura, el arrepentimiento golpeó a Gabriela como una ola aguda y despiadada. Salió tan sigilosamente como pudo, con los nervios a flor de piel.

Miró la brillante placa con el número de la puerta y se dio cuenta, con una sacudida, de que había pasado la noche en la habitación de Brenden Saunders. Él era el gerente general de su departamento.

Un suspiro escapó de los labios de Gabriela mientras el alivio la invadía.

Brenden tenía fama de mujeriego; su lista de exnovias podría llenar una pequeña guía telefónica. Una aventura de una noche con él no significaría nada; probablemente ni siquiera la recordaría, sobre todo porque la habitación había permanecido a oscuras. Ni siquiera le había visto bien la cara.

Decidió dejar atrás este episodio y actuar como si nada hubiera ocurrido entre ellos.

Para borrar cualquier rastro de su intimidad, volvió a su habitación y se metió bajo el chorro humeante de la ducha. Después, se puso un suéter de cuello alto que ocultara los chupetones que salpicaban su piel.

Apenas terminó de vestirse, su dramática compañera de trabajo, Aubrey Holt, comenzó a golpear la puerta. "¡Gabriela! ¡Abre! ¡Acaba de pasar algo increíble, date prisa!". A Gabriela se le aceleró el pulso y sintió un nudo de pánico en el estómago.

¿Sería posible que su noche con Brenden ya hubiera salido a la luz? Ni siquiera había amanecido todavía.

Brenden ocupaba un alto cargo en el Grupo Apex, mientras que ella no era más que una simple becaria, metida en un lío en el que nunca quiso verse envuelta.

Si se llegaba a saber, Brenden no perdería el sueño, pues ya tenía fama de ir detrás de las mujeres y dejaba un rastro de rumores por dondequiera que iba. Pero para ella, las consecuencias serían brutales. ¿Una becaria atreviéndose a enredarse con un alto ejecutivo? Su carrera estaría acabada antes de empezar.

Con las manos temblorosas, abrió la puerta.

Aubrey irrumpió en la habitación, casi dando saltos de emoción, ajena al rostro ceniciento de Gabriela y a sus movimientos rígidos y cohibidos.

"¡Date prisa! Tienes que venir conmigo. ¿A que no adivinas quién está aquí? ¡El galán de la empresa! ¡Ha venido el señor Moss!".

Así que era eso. Su secreto seguía a salvo, por ahora.

Mientras Aubrey seguía parloteando, Gabriela empezó a calmarse y la siguió hasta el bullicioso bufé del hotel.

Wesley Moss, el enigmático director ejecutivo de la empresa, solo se había cruzado con Gabriela una vez, durante su entrevista. Aun así, era imposible olvidarlo. Era peligrosamente guapo, el tipo de hombre que podía dominar una habitación sin decir una palabra.

Wesley había levantado la empresa de la nada, transformándola en un peso pesado de la industria en solo siete años.

En la entrevista, él apenas esbozó una sonrisa y mantuvo una expresión profesional, pero Gabriela quedó enganchada al instante. En su fuero interno, lo había apodado su amor platónico.

Ahora, allí estaba él junto a la ventana, con una postura perfectamente erguida, irradiando una serenidad natural y una autoridad silenciosa que lo hacían imposible de ignorar, como si la propia luz del sol lo hubiera elegido entre la multitud.

Tenía un aspecto tan pulcro y seguro de sí mismo que Gabriela se sintió completamente cautivada.

La mayoría de las mujeres de la sala buscaban un asiento cerca de Wesley; cuchicheaban entre ellas, intercambiando miradas tímidas y un torbellino de especulaciones.

"¡El señor Moss es increíblemente guapo!".

"Acabo de darme cuenta: ¡tiene un chupetón en el cuello! Me pregunto qué afortunada se lo haría anoche".

La palabra "chupetón", procedente de la mesa de al lado, hizo que Gabriela se subiera instintivamente el cuello del suéter. La emoción de ver a Wesley se desvaneció al instante cuando la asaltaron los recuerdos de su propia imprudencia de la noche anterior.

Mientras tanto, Aubrey se moría de ganas por averiguar la historia detrás del chupetón, pero Gabriela apenas tenía energía para prestarle atención.

En ese momento, Brenden entró con su arrogancia habitual y ocupó el asiento justo enfrente de Wesley.

"¿Dormiste bien anoche?", preguntó con una sonrisa burlona.

Wesley se tomó su tiempo con el desayuno, y un atisbo de sonrisa divertida asomó a sus labios. Su mirada recorrió la habitación, pero se detuvo un instante en Gabriela, con un brillo de silenciosa picardía en los ojos.

"Nada mal", respondió con una sonrisa de suficiencia.

Gabriela sintió al instante el peso de su mirada. Avergonzada, se encorvó sobre el plato y se cubrió el rostro con la mano, desesperada por pasar desapercibida y desaparecer.

Brenden se quejó, bajando la voz a un susurro dramático: "¡Me robaste la habitación! Seguro que dormiste profundamente mientras yo deambulaba anoche por los pasillos buscando un sitio donde caerme muerto. ¡Ten un poco de compasión!".

Con todo el Grupo Apex alojado en el hotel, todas las habitaciones se habían agotado. La aparición de Wesley en el retiro a última hora significaba que, como simple gerente de departamento, a Brenden no le quedó más remedio que cederle la mejor suite.

Wesley respondió con displicencia: "Me aseguraré de que te suban el sueldo más tarde".

A Brenden le cambió el humor al instante y una expresión de alegría le iluminó el rostro.

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