Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Hija Depreciada Es Poderosa

Hija Depreciada Es Poderosa

Isabella deja su humilde vida como mesera al descubrir que es la heredera de la adinerada familia Trebor. Pese a su origen, sus parientes la desprecian y sabotean su relación con Mateo, un joven de apariencia sencilla. Durante una gala diseñada para humillarla y forzar su ruptura, se revela un secreto impactante: Mateo es el sucesor del imperio de esmeraldas más grande del mundo. Él ha vuelto para proteger a Isabella y castigar a quienes intentaron pisotearla.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

Mi madre adoptiva se acercó, secándose las manos en el delantal. Miró a Sofía, luego a mí, y su cara se llenó de una comprensión triste.

"Lo sabíamos", dijo mi mamá con voz suave. "Sabíamos que este día llegaría".

Sofía me miró, con una mezcla de dolor y esperanza.

"Hubo un deslizamiento de tierra hace dieciocho años. Un caos terrible en la clínica. Nos dijeron que... que te habíamos perdido. Pero nunca dejé de buscarte".

Me explicó que una alergia rara que ambas compartíamos, al polen de una orquídea específica que crecía en su jardín, fue la pista final que la llevó a mí. Un investigador privado había hecho el resto.

La miré, luego miré a mis padres, a Mateo, al restaurante que era todo mi mundo. No sentí una alegría abrumadora. Sentí... un vacío extraño.

"¿Y ahora qué?", pregunté, mi voz más dura de lo que pretendía.

"Ven a casa, Isabella. A tu verdadera casa".

Acepté. No por el dinero ni por el lujo. Acepté porque necesitaba respuestas. Necesitaba entender por qué mi vida había sido una mentira.

Esa noche, mientras empacaba una pequeña maleta con mi ropa humilde, mi padre adoptivo se sentó en mi cama. Sostenía una pequeña cámara de seguridad en su mano.

"Mija, la vida de los ricos es como una telenovela. A veces, peor. Pon esto en tu cuarto. Grábalo todo. Más vale prevenir".

Tomé la cámara. Su consejo, nacido de la desconfianza del pobre hacia el rico, se sentía como la única arma real que tenía.

Al día siguiente, un auto negro y lujoso me recogió. La mansión en Rosales era obscena, un palacio de mármol y cristal que miraba por encima del hombro al resto de Bogotá.

En la entrada, me esperaba la familia. Sofía, mi madre biológica, con una sonrisa nerviosa. A su lado, un hombre alto de traje impecable y mirada fría. Carlos Trebor, mi padre.

"Bienvenida", dijo, su voz sin una pizca de calor.

Junto a él, una chica de mi edad, bonita pero con una expresión mimada. Valentina. Y un joven arrogante, con aire de superioridad. Leonardo.

"Isabella, ellos son tus hermanos, Valentina y Leonardo", dijo Sofía.

Leonardo me miró de arriba a abajo.

"Así que esta es la perdida. Se le nota el barrio".

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial