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Portada de la novela Recuerdos inmemorables

Recuerdos inmemorables

Cansada de la indiferencia de Jorge, Anie opta por romper su compromiso para sanar sus heridas y hallar la felicidad que le falta. Ella creía que la distancia le otorgaría la tranquilidad necesaria, pero el destino los vuelve a reunir. Jorge, ahora consumido por el remordimiento, no deja de pensar en el valor de la mujer que dejó ir. Este nuevo encuentro los forzará a encarar las cuentas pendientes del pasado y un porvenir lleno de dudas.
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Capítulo 2

En el banquete aún celebrando su boda, Anie se encontraba con su suegra quien la quería mucho por tener un gran corazón, debido a que cuando nació Jorge se le complicó el parto no pudo tener más hijos. Con el alma destrozada como lo estaría cualquier madre que anhela tener una hija, estuvo en depresión.

La familia de Anie vivía en el vecindario de la sra. Lucrecia a quien conoció un día que se escapó de casa, como lo haría cualquier niño inquieto por descubrir el mundo.

Aquel día la sra. Lucrecia se encontraba en su jardín cuidando de sus hermosas Rosas, cuando Anie se acercó a ella se quedó asombrada por su linda belleza, sus brillantes ojos azules lograban transmitir lo pura que era su alma.

Al ver el hermoso paisaje que se lograba vislumbrar en su jardín de Lucrecia la niña se acerco y le hablo con respeto:

-"Hola tía, ¿cómo está?, ¿que hace?, tiene un lindo jardín"

Lucrecia quien aún estaba encantada con aquella niña, le dijo:

-Hola me puedes llamar mamá, me llamo Lucrecia, estoy cuidando de mis flores. ¿Como te llamas?, ¿En donde están tus papás?, ¿Quien te acompaño?.

Al ver la preocupación de la Sra. Lucrecia, Anie se apresuro a contestarle con mucho ánimo ya que era una niña muy alegre.

-Encantada de conocerla mamá, mi nombre es Anie, nos acabamos de mudar al vecindario, vivo en la casa de a lado, mis papás están trabajando y vine a conocer el vecindario.

La sra. Estaba tan encantada con aquella niña tan extrovertida que rápido transcurrió el día, compartieron un gran vínculo que desde ese día Lucrecia se encariño tanto con Anie.

Las dos estaban tan contentas, que Lucrecia no se dió cuenta que por los ojos de Anie había un brillo que no se sabría lo que estaba pensando.

-"Anie, espero que seas muy feliz con mi hijo, solo yo me puedo dar cuenta de la dedicación y amor que le has dado.

-"Gracias mamá, espero que algún día el lo valore como usted". Sin dar a conocer el verdadero significado de aquellas palabras, Anie aún estaba sumida en sus recuerdos y la tristeza que le provocaba aquello.